La guerra del vino y el cannabis
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La guerra del cannabis y el vino en California

Todo comenzó a perfilarse después de que en el año 2016 California legalizó la marihuana recreativa.
Viticultores de Santa Bárbara y residentes de la bonita ciudad
costera de Carpintería se lían con un nuevo vecino que,
literalmente, “apesta” y pone en jaque su negocio y forma de vida.

Stephen Janes, gerente general de Viñedos Pence de Santa Rita
dice «Esta es la mayor amenaza para la industria del vino de los últimos 25 años« y agregó: “el problema es  el cannabis y su gran expansión,
sobre todo en los últimos dos años, y lo achaca a una regulación demasiado flexible que abrió la puerta a una avalancha de
productores interesados en sacar provecho de esta situación.
En muy poco tiempo en la zona de Santa Ynez y Santa María donde
una hectárea se cotiza en varios millones de dólares empezaron a florecer millones de plantas al lado de la vid.

En  Carpintería los invernaderos que cultivaban hortalizas ahora plantan cannabis. Algunos residentes locales están irritados por el olor penetrante que emana de las plantas de cannabis.
En las colinas de Santa Rita, famosas por su cepas Pinot Noir, se extienden grandes extensiones de terrenos cubiertos con lonas blancas con plantas de marihuana 
Los que poseen viñedos temen que sus uvas puedan contaminarse con
partículas de esas plantaciones.

Incluso algunos cultivadores de cannabis han demandado a viticultores quejándose de que los pesticidas que usa en las vides puedan contaminar su cannabis.

La asociación de cannabis que representa a unos 900 cultivadores del área no respondió a las solicitudes de comentarios de la AFP.

Funcionarios de Santa Bárbara reconocieron que deberían haber anticipado las consecuencias de las granjas de marihuana en
la agricultura ya existente y los residentes de la región.

Joan Hartmann, una de las funcionarias manifestó que se ha limitado el cultivo de cannabis a menos de 800 hectáreas y están explorando formas de solucionar el conflicto.

Por su parte los agricultores del cannabis desestiman las quejas sobre el olor, asegurando que, aunque puede haber un hedor ocasional, no es para tanto.

Para una industria que ha estado en la zona durante 40-45 años y contribuye con 1.800 millones de dólares a la economía local, que ahora llegue otra industria está creando problemas.

En cambio hay otro viticultores que no se oponen a los cultivos de marihuana, pero quieren controles más estrictos para preservar su sustento y que el olor a cáñamo no arruine sus cosechas.

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